En 1572 se produjo un nuevo levantamiento de los Países Bajos, esta vez de marcado carácter nacionalista y popular, y alentado además por Francia e Inglaterra, por lo que resultaba mucho más difícil de dominar. Una nueva nación empezaba a dibujarse: las Siete Provincias Unidas (Holanda), y no iba a ser posible ignorar este hecho.
La economía española, siempre propensa a las crisis, pasaba por un mal momento. Escaseaba el numerario para movilizar ejércitos y Felipe II optó por el diálogo con los rebeldes. El Duque de Alba fue sustituido en el puesto de gobernador por Luis de Requeséns, con el encargo de entablar negociaciones. Pero la vía diplomática no dio ningún fruto. Toda la política española en el avispero flamenco entre 1573 y 1578 no es más que una sucesión de tratos y de hostilidades. Cuando España puede pagar a sus Tercios el éxito militar es inmediato; en cambio, en los períodos en que escasea el dinero los insurrectos holandeses contraatacan. Muerto Requeséns, le sucedió don Juan de Austria (el vencedor de Lepanto), quien, a pesar de su prestigio, hubo de transigir con la Pacificación de Gante y el llamado "Edicto Perpetuo", por el que se restablecían todos los privilegios de las provincias flamencas, mientras que el ejército español, hambriento y desmandado por la falta de pagas, tenía que abandonar el país. Cuando en 1578 murió a su vez don Juan de Austria, la presencia española en Flandes parecía acabada para siempre.
Entonces se hizo cargo del gobierno de los Países Bajos el duque Alejandro Farnesio, buen diplomático y mejor militar, quien (por una vez) dispuso de abundante dinero español. En la Convención de Arras (1579), Farnesio consiguió el apoyo de los belgas (católicos) para enfrentarse a los holandeses (protestantes). La fidelidad de los belgas permitió contar con una base segura de operaciones. Una serie de campañas militares culminaron en 1585 con la ocupación de Amberes, centro de la banca mundial de aquel tiempo. A continuación, Farnesio invadió el territorio holandés propiamente dicho, rechazando al cuerpo de ejército británico del conde de Leicester y conquistando cinco de las siete provincias rebeldes. Pero importantes complicaciones ulteriores (la proyectada y a la postre frustrada invasión de Inglaterra en 1588, y la intervención en Francia en 1591, en la que los Tercios españoles entraron en París), distrajeron la labor del eminente general, que moriría en 1592 a causa de una herida de mosquete mal curada.
Fuente: "Historia de España Moderna y Contemporánea" (José Luis Comellas, Universidad de Sevilla).
Imagen: Retrato de Alejandro Farnesio, por Otto van Veen.
