lunes, 4 de mayo de 2026


A partir de 1570 el sultán turco Selim II se había lanzado a una política de agresivo expansionismo marítimo. La lucha por el dominio del Mediterráneo iba a alcanzar por aquella época uno de sus momentos más dramáticos. En junio de 1571, los turcos culminaron su conquista de la isla de Chipre, iniciada el año anterior, expulsando de allí a los venecianos. Estos hechos causaron una honda conmoción en todo el Occidente europeo, hasta el punto de que el Papa Pío V, al estilo de las antiguas Cruzadas, hizo un llamamiento a las naciones cristianas para combatir la amenaza islámica que se cernía sobre Italia y otros territorios ribereños mediterráneos.

La llamada "Liga Santa" que a tal fin se formó (mayo 1571) estaba integrada por España, Génova, los Estados Pontificios, Venecia, Saboya y la Orden de Malta. Ni el Imperio alemán ni Francia accedieron a participar: el primero a causa de sus divisiones religiosas entre católicos y protestantes, y la segunda porque sentía celos de la potencia española y tenía tratos en secreto con los turcos. Felipe II se adhirió a la empresa con el propósito de proteger su hegemonía en la zona occidental del mar Mediterráneo, blanco permanente de las incursiones corsarias otomanas. Los españoles aportaron a la Liga Santa la mayor parte del dinero y de los soldados embarcados, mientras que la República de Venecia contribuyó con el contingente de barcos (galeras) más numeroso. Se designó a Don Juan de Austria (hermano del propio Felipe II) como comandante supremo, no sin cierto recelo por parte de los venecianos, que tuvieron que aceptar asimismo que 4.000 infantes y arcabuceros españoles se distribuyeran entre las galeras italianas para reforzarlas.
En septiembre de 1571, la escuadra cristiana zarpó de Mesina (Sicilia) y navegó hacia el estrecho de Otranto. Después de hacer escala en la isla de Corfú se desplegó a la entrada del golfo griego de Lepanto. El 7 de octubre de 1571 se produjo el choque con la armada turca, al mando de Alí Pachá. Fue una de las batallas navales más grandes de la historia, pues en ella intervinieron 300 barcos y unos 80.000 hombres por cada bando. Sin embargo puede decirse que la lucha la decidieron los soldados más que los marinos, ya que ambas flotas se mezclaron al abordaje en indescriptible confusión, hecho que sin duda favoreció a los cristianos por contar en sus filas con la célebre Infantería española.
El resultado de la batalla de Lepanto fue una de las victorias más sensacionales de todos los tiempos: Alí Pachá pereció y los turcos perdieron cerca de 50.000 hombres, entre muertos y prisioneros, y más de 200 galeras; el bando cristiano tuvo 10.000 muertos y 13 galeras hundidas, con muchas otras gravemente dañadas. El futuro autor de "El Quijote", Miguel de Cervantes, peleó como soldado recibiendo un tiro que le dejó inválida la mano izquierda.
La principal consecuencia fue la decadencia del poderío naval del Imperio otomano, aunque no se pudo aprovechar la oportunidad para atacar Constantinopla. Dos años después la Liga Santa se disolvió, minada por las disensiones entre sus miembros. Pero España seguiría combatiendo en solitario a los turcos, empeñada en mantener el Mediterráneo como mar cristiano.
Fuente: "Historia de España Moderna y Contemporánea" (José Luis Comellas, Universidad de Sevilla).
Imagen: "Batalla de Lepanto", cuadro de José Ferre Clauzel.