Felipe II murió en 1598. Había legado los territorios de Flandes a su hija Isabel Clara Eugenia, casada con el archiduque Alberto de Austria, pensando que el problema flamenco entraría así en vías de solución. Pero los holandeses se negaron a aceptar la nueva soberanía, reemprendieron la guerra y España no pudo dejar de ayudar a la que era hermana de su rey, a la sazón Felipe III. Los Tercios españoles, comandados por Ambrosio Spínola, ganaron algunas batallas, aunque ninguna de forma decisiva. La eterna pesadilla de los Países Bajos no daba señales de acabar.
Ahora bien, la crisis económica que azotó a los dominios de la Monarquía Hispánica en el año 1609 repercutió igualmente sobre el disputado espacio holandés. Ambos bandos estaban agotados por el interminable conflicto y necesitaban un respiro. No hubo acuerdo para una paz definitiva, pero sí para una tregua de doce años (1609-1621), susceptible de prorrogarse en su día. Se trataba de una solución provisional y, al mismo tiempo, representaba el reconocimiento oficial de una nación (las Provincias Unidas de los Países Bajos) considerada hasta entonces por el Estado español como una simple pandilla de rebeldes.
En 1621 subió al trono Felipe IV y el Conde Duque de Olivares asumió las riendas del gobierno de España. Ese mismo año caducaba la tregua de Flandes; Olivares deseaba su prórroga, pero las circunstancias la hicieron imposible: los holandeses habían ocupado territorios en América y en las posesiones portuguesas de Extremo Oriente (Portugal formaba parte de la Monarquía Hispánica desde 1580), y además realizaban incursiones piráticas que perturbaban el comercio entre ambas orillas del Atlántico. Las hostilidades volvieron a reanudarse. Los españoles vencieron en Fleurus (1622), mientras la escuadra holandesa era destrozada cerca del cabo San Vicente. Una expedición a Brasil expulsó de allí a los colonos flamencos que se habían establecido. Y en 1626 tuvo lugar la conquista de Breda por las tropas de Ambrosio Spínola, hecho inmortalizado en uno de los más célebres cuadros de Velázquez.
Pero las cosas para España no cesaban de complicarse. Involucrada en la Guerra de los Treinta Años como aliada de la Liga Católica, no podía permitirse bajar la guardia en ningún escenario de la compleja política europea. Se avecinaba una enconada lucha por la hegemonía que iba a poner a prueba el "sentido misional" de la Monarquía española bajo la dinastía de los Austrias. La defensa de la fe y de los valores de la civilización cristiana, tal y como eran concebidos dentro del ámbito español, llegarían entonces a su más dramático extremo.
Fuente: "Historia de España Moderna y Contemporánea" (José Luis Comellas, Universidad de Sevilla).
Imagen: "La rendición de Breda", cuadro de Diego Velázquez (1634).






