lunes, 2 de marzo de 2026


A partir de 1519 había comenzado a propagarse por Alemania y otros países europeos la doctrina religiosa denominada "luteranismo". Su autor, Martín Lutero, era un antiguo fraile agustino alemán, de carácter individualista y rebelde, que en 1521 fue excomulgado y condenado por hereje en la Dieta de Worms. Lutero propugnaba una profunda reforma en la Iglesia, depurándola de lujos y ostentaciones materiales, y defendía el principio de libre interpretación de la Biblia y la llamada "justificación por la fe", negando al mismo tiempo toda autoridad a la jerarquía católica romana. El número de los luteranos (a los que se designaba con el término de "protestantes") crecía sin cesar, recibía el respaldo de la nobleza, siempre dispuesta a consolidarse como poder autónomo, y amenazaba con dividir la unidad moral que hasta entonces el Cristianismo significaba en Europa.

El rey de España Carlos I, que era a la vez emperador de Alemania (Carlos V), advirtió desde el principio el peligro que implicaba el movimiento de la Reforma protestante. Un cisma religioso, con importantes ramificaciones políticas además, echaba por tierra la noción de comunidad espiritual de reinos cristianos a la que aspiraba el emperador. Éste en un primer momento pensó que el problema podía solucionarse apelando al diálogo. A tal fin convocó a los príncipes alemanes a la Dieta de Augsburgo (1530), a la que acudieron también importantes teólogos y humanistas. Pero fue imposible alcanzar la concordia con los protestantes. Carlos V comprendió entonces que era preciso que un Concilio, formado por especialistas y autorizado por el Papa, fijara claramente los ejes de la doctrina cristiana y los puntos en los que era posible ceder y llegar a acuerdos con los partidarios de Lutero. No obstante, las dilaciones de los Pontífices en la convocatoria y las continuas guerras con Francia retrasaron el proyecto una y otra vez.
En diciembre de 1545, centenares de teólogos se reunían por fin en la ciudad italiana de Trento para afrontar la controversia religiosa. El punto álgido de los debates fue el de la justificación y la salvación del hombre, que era la brecha más importante que separaba a la doctrina católica de la luterana. Y aquí se impuso la tesis de los teólogos españoles: la justificación del hombre por sus obras mediante la gracia de Dios. El jesuita Diego Laínez lo resumió en una célebre alegoría: el siervo (el hombre) que con la espada (la gracia) del príncipe (Cristo) vence al león (el pecado), pero que en todo caso necesita luchar (las obras) si quiere salvarse.
El Concilio de Trento (finalizado en 1563) puede considerarse una parte de la historia de España, puesto que la participación de los religiosos españoles resultó decisiva. La Compañía de Jesús, fundada pocos años antes por otro español, Ignacio de Loyola, sería la herramienta para el fortalecimiento de la Iglesia en una posterior etapa de expansión que fue llamada "Contrarreforma".
Sin embargo, los protestantes no acudieron a Trento ni aceptaron los decretos conciliares. El camino de la fuerza quedaba abierto. En los años posteriores una guerra de religión, en la que a la vez se dirimía el control del Imperio alemán, asoló Alemania y el resto de Europa. Y también fue la infantería española la principal baza con la que contó Carlos V en esa larga contienda.
Fuentes: "Historia de España Moderna y Contemporánea" (José Luis Comellas, Universidad de Sevilla).
Imagen: "Carlos V en la batalla de Mülhberg", cuadro de Tiziano (1548).

9 comentarios:

  1. Muy claro y bien explicado, como siempre.

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    1. Gracias, en los temas de historia hay que procurar ser riguroso.

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  2. Como siempre, me ha encantado la descripción. Me ha encantado, Rafael !!

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  3. Alfonso Sánchez Hidalgo2 de marzo de 2026 a las 19:49

    Preciso y precioso relato.

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  4. Julia Villegas Montesino2 de marzo de 2026 a las 19:50

    Que interesante Rafael, gracias por compartir...
    Aquel Concilio llevó años en resolverse, cosas de la Iglesia, de los eclesiásticos y en particular por miembros de la curia Papal que se resistían a cualquier reforma que pudiera entorpecer sus estilos de vida ...
    El Consejo aprobó numerosas medidas para detener la corrupción clerical que fue el detonante de la revuelta de Lutero. Además se ocupó extensamente no solo de la moral, sino también de la doctrina.

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    1. Así es. Lo más importante en Trento es la aportación de los eclesiásticos españoles que, como si se tratara de una milicia, apuntalaron a la tambaleante Iglesia católica. Puede decirse que le salvaron la vida. Claro que tenían la ventaja de que ya en los tiempos del cardenal Cisneros se habían depurado de la mayor parte de los vicios que denunciaba Lutero. La deuda que el catolicismo contrajo con España en aquella época es tan inmensa que no puede pagarse jamás. Los Papas lo saben, aunque algunos obran como si lo ignorasen.

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