En el siglo XVI se designaba con el nombre de "Flandes" al territorio que hoy corresponde a los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y parte del norte de Francia. A través de su pertenencia a la Casa de Austria, estos dominios entraron en relación con la Monarquía española. Cuando Carlos I (V de Alemania) abdicó, cedió el Imperio alemán a su hermano Fernando, mientras que a su hijo Felipe II le adjudicó los reinos españoles, las posesiones en América y en Italia, y los dominios de Flandes y el Franco Condado de Borgoña. El espacio flamenco poseía un innegable valor estratégico, pues permitía invadir rápidamente Francia desde el norte en caso de guerra. Pero también representó para España una pesada carga y una continua fuente de conflictos.
La población de los Países Bajos, mayoritariamente protestante y calvinista, no veía con buenos ojos la soberanía española, caracterizada por su centralismo administrativo y constantes exacciones de impuestos. En 1566-67 estalló una violenta insurrección que, entre otros hechos luctuosos, culminó con el incendio de la catedral de Amberes. La gobernadora española, Margarita de Parma, a duras penas pudo sofocar las revueltas. Para castigar con mano firme a los sediciosos, Felipe II envió desde Milán al Duque de Alba al frente de su mejor fuerza militar: los Tercios de infantería. Alba implantó en Bruselas el denominado "Tribunal de los Tumultos", que durante seis años juzgó y condenó a muerte a más de 1.000 personas, entre ellas los condes de Egmont y Horn. El príncipe Guillermo de Orange, principal cabecilla rebelde, escapó e intentó reiniciar la lucha con ayuda de mercenarios alemanes. Pero, por el momento, se estrelló contra la experimentada infantería española.
Aparentemente, el foco de tensión de Flandes había sido controlado hacia 1570. No obstante, resultaba costoso en grado sumo mantener acantonado al ejército, al que, para colmo, le faltaban las pagas por haberse perdido los barcos que conducían las remesas de dinero. Fue necesario imponer tributos especiales a los habitantes de aquellas tierras, lo cual no hizo sino acrecentar su descontento hacia los españoles. En los Países Bajos en particular se iba gestando poco a poco un potente sentimiento de independencia. La guerra de Flandes, así iniciada, se prolongaría durante ochenta años.
Fuentes: "Historia de España Moderna y Contemporánea" (José Luis Comellas, Universidad de Sevilla).
Imagen: Retrato de Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba, por Antonio Moro.

El duque de Alba no fue ( ni aun hoy ) santo de devoción en los Países Bajos.
ResponderEliminarEl Coco.
ResponderEliminarHay una excelente película francesa de 1935, "La Kermesse heroica", que en tono de comedia retrata el ambiente de la guerra de Flandes y el miedo que inspiraban los soldados españoles.
ResponderEliminarMuy interesante, como se heredaron los territorios, etc.
ResponderEliminarYo creo que siempre se ha dado una versión distorsionada de la presencia española en aquella zona y época. La guerra fue una mezcla de un fuerte componente religioso e intereses políticos, muy costosa para ambas partes.
ResponderEliminarUn Tercio al completo, solía tener unos 23 ó 24 mil soldados. De ellos, entre 8 ó 10 mil eran peninsulares, el resto eran holandeses y tierras aledañas, alemanes, italianos, suizos e incluso franceses y mercenarios de mil sitios diferentes.
Cuando luchan holandeses contra holandeses, belgas contra belgas, daneses contra daneses etc, un bando católico y otro protestante, a eso se le llama guerra civil.
Lo malo que hicieron holandeses, belgas, luxengurgueses etc etc, no cuenta y ya tenemos más páginas para la leyenda negra.
Pero cuando Soleiman el Magnifico estaba a las puertas de Viena les vinieron muy bien los Tercios Españoles. Y cuando los turcos amenazaban el sur de Italia les vino muy bien D Juan de Austria y sus galeras. Y cuando las árabes estaban cerca de los Pirineos España defendio Europa. Europa es lo que es gracias a esos a veces despreciados Españoles.
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